No hay nada más feo que hablar bien de uno mismo en público. Aunque esta conducta suela ser desagradable, bien que hay gente que lo hace constantemente. Y, a pesar de que nos suela repugnar y no nos creamos la mitad de lo que se nos dice, sí que acabamos por creernos algo. El que pregona todos los días que es un gran tipo acaba por hacernos creer un poquito que realmente lo es, aunque luego, viendo su realidad, veamos que no es más que un pobre diablo.

Sin embargo, la persona humilde y honesta que no nos cuenta sus grandezas, pasa por idiota. Pasa por ser un hombre sin virtudes ni logros ni éxito. Aunque sus hechos en la vida sean muy loables, al no transmitirlos por modestia, no los conocemos. Y pensamos, realmente pensamos, que el sujeto es un idiota, que no tiene valor.

¿Cuál es la solución? ¿Alardear de todo aunque seamos desagradables para obtener algo de respeto y reconocimiento, o ser humildes y honestos y pasar por idiotas?